Un caso práctico sobre la localización y extracción ética de un conjunto de monedas del siglo XVIII utilizando tecnología de detección avanzada y metodología arqueológica.
Un grupo de historiadores locales tenía referencias documentales de un naufragio menor cerca de una cala aislada, donde se creía que se perdió una pequeña partida de monedas de plata. El área, tras siglos de erosión y cambios en la línea de costa, presentaba un terreno complejo con alta mineralización y abundante chatarra moderna, lo que generaba constantes falsas señales en los detectores convencionales.
Se desplegó un detector de metales de alta frecuencia, configurado específicamente para ignorar el hierro y el aluminio, y sintonizado para la conductividad de la plata antigua. El proceso se dividió en tres fases meticulosas:
Tras dos jornadas de búsqueda, se identificaron y recuperaron 7 monedas de plata en un radio de 3 metros. Las piezas, aunque erosionadas por el salitre, mostraban claramente la efigie real y la fecha de acuñación (circa 1765).